¿Te inquieta el fracaso? Aquí tienes 3 puntos que debes tener en cuenta (por César Landaeta)

―¡Bah!, otro artículo «motivacional» que viene a relatarme cuentos de hadas ―dirás al ver el título.

―Pues, no ―te respondo de inmediato.

Interprétalo más bien como unas leves bofetadas en el rostro para invitarte a contemplar una realidad que tal vez no hayas considerado.

Permíteme que te someta a un breve interrogatorio antes de proseguir con mis temas de análisis:

  • ¿Te preguntas con frecuencia el porqué de tanta dificultad para el avance?
  • ¿Vives consultando horóscopos, brujos y clarividentes para que te expliquen eso del karma y te ayuden a conjurar sus efectos?
  • ¿Gastas una enorme cantidad de esfuerzos tratando de sobresalir en tu área profesional y siempre regresas al punto de partida?
  • ¿Sientes a veces que no vale la pena seguir insistiendo porque no consigues resultados apetecibles en lo que haces?

Si tus respuestas han sido mayoritariamente afirmativas, lo que deberías abandonar no son las esperanzas de llegar a la cima sino las tácticas que has venido empleando hasta ahora.

Mira un poco más de cerca y tal vez descubras que los factores perjudiciales no están situados más allá de los 90 centímetros que abarca tu círculo de tiza personal.

Aun cuando suene estrambótico y traído de los pelos, lo cierto es que existen rasgos personales y tácticas individuales capaces de tumbar cualquier proyecto y echarle baldes de agua al ánimo del más aguerrido luchador.

Aquí te voy a dejar únicamente tres de los aspectos más influyentes en el fracaso; pero desde luego, hay muchos más.

Revisa los puntos siguientes sin reservas ni defensas inútiles. Ser sincero con uno mismo ya es un paso importante de avance en la dirección correcta:

 

1. Tu actitud es desagradable y les caes mal a aquellos que te podrían echar una mano:

―¡Noooo!, soy la persona más simpática de este mundo y todos me aman ―respondió una mujer a quien le mostré su baja ubicación en un sociograma de la empresa que yo asesoraba.

―Estás loco ―vociferó un director de personal, disgustado por mi señalamiento de que debía ser un poco más amigable.

Y claro, son reacciones lógicas que se producen cuando a uno le dicen que no es tan simpático o atractivo como se cree.

Pasarse del límite en tu autoestima y hablar o actuar con la seguridad arrogante que recomiendan los coaches de moda, a veces resulta un boomerang cuyo recorrido es imposible de predecir.

Quizá con algo más de humildad y un toque de frescura en tu conducta, podrías desmontar el primero de los obstáculos que se oponen al progreso.

Recuerda aquel lema que reza: «Se cazan más moscas con miel que con vinagre».

 

2. Miras constantemente por el retrovisor.

Una tendencia común en las personas que tropiezan con impedimentos a sus deseos es volver atrás en la memoria para reprocharse por decisiones previas que no fueron afortunadas.

Pon un inmediato ¡Stop! a esa maligna compulsión. No sirve para nada.

¿Que en el pasado cometiste errores? Desde luego, ¿y quién no? ¿Que elegiste el rumbo equivocado cuando te encontrabas en una encrucijada? ¿Y qué hay con eso? ¿Acaso no hay siempre formas para corregir los itinerarios? ¿Que te perdiste en el desierto o en una selva donde te atacaron las fieras?

De ser así, ya el mal está hecho y en vano sería que continuaras flagelándote con remordimientos.

Ríndete, entonces. Deja que la inercia te lleve porque, al fin y al cabo, si te abrasa el calor desértico o te desgarraron los animales salvajes, a lo más que puedes aspirar es a que pase una caravana de beduinos y o a que la Cruz Roja internacional recoja tus restos.

Si no te agrada ese panorama desolador, apela a tu sensatez, termina con la práctica de voltear el cuello y enfoca tu vista hacia adelante.

¡A lo hecho, pecho!

 

3. Intentas cambiar de fuera hacia dentro y no al revés.

Los asesores de imagen y por supuesto, los entusiastas de la cosmética, recomiendan hacer cambios superficiales en tu apariencia como si con ello pudieras engañar a los demás y salirte con la tuya.

¡Falso de toda falsedad!

A menos que habites en un mundo de psicóticos incurables, el disfraz de Supermán o de La Mujer Maravilla consigue distraer por un rato a la audiencia; pero tarde o temprano la gente se hace un retrato fiel de tu comportamiento y quedas desnudo(a) en plena calle.

De modo que, abandona tal estrategia. Piensa correctamente y sitúate en el plano de la realidad.

Lo que necesitas no es ponerte un maquillaje ni imitar a los personajes exitosos de las películas.

Mejor será que te instales frente a un espejo limpio y brillante. Pídele a la imagen reflejada que te hable desde dentro; escucha con atención lo que diga tu voz interna y si hay algo que modificar, ¡adelante! Cambia lo que haga falta y reafirma lo que consideres que está bien como está.

¡Nada de falsedades y accesorios exteriores!

La autenticidad siempre es buena pagadora.

 

¿Ya ves? No se trataba de un artículo «motivador» lleno de monsergas arbitrarias y complacientes.

Ahora solo resta que medites sobre lo que te acabo de exponer y hagas un trabajo productivo en tu personalidad.

El éxito que mereces puede estar cerca… si haces lo correcto.
César Landaeta H.
Psicólogo Clínico.

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