Autoliderazgo, otro nombre para: «Hacer lo que te dé la gana» (por César Landaeta)

¿A quién no le gusta la idea de soltar amarras y habitar en un mundo donde no haya restricciones?

Por supuesto que a ti, a mí y a cualquier hijo de vecina (por muy hijo que sea y por muy vecina que sea su madre), nos encantaría movernos sin coartación alguna a nuestros deseos.

Pues bien, a pesar de lo sospechoso que pueda haber en una propuesta de tal índole, la verdad es que se puede y sin demasiado esfuerzo, vale decir.

El método se denomina Autoliderazgo; pero antes de que te vengas arriba celebrando la llegada de una mágica fórmula liberadora, detengámonos un momento para analizar lo que esto significa.

Comencemos por analizar aquello de «Hacer lo que a uno le dé la gana».

Si piensas con detenimiento, te darás cuenta de que la expresión se identifica con algo de la infancia. ¿No te parece?

Desde luego que es así. Los niños, guiados por el llamado Principio del Placer, anhelan que se les deje comer chuches y no que les obliguen a tragar horrendas verduras hervidas; sueñan con correr y saltar a su antojo; dejar de estudiar; jugar sin medida ni límites y en fin, que se les permita hacer lo que les dé la real gana.

Desde aquellos días lejanos en los cuales la sociedad tuvo que imponerse para frenar a unos pequeños que venían con intenciones de transgredir las normas, a los adultos nos quedó una vaga sensación de habernos perdido lo bueno de la vida y nos persigue una inquietante necesidad de recuperar el fantaseado dolce far niente .

Esto es lo que lleva a que cada cual defina «la gana»… como le dé la suya.

―De acuerdo, ¿y esto del Autoliderazgo viene a resolver el problema o qué? ―se preguntarán los más impacientes de mis lectores.

―Depende, respondo yo. Siempre y cuando te tomes un tiempecito para poner en claro tu definición particular de «la gana».

Si tu ideal es tenderte al sol todo el día sin mover un dedo, emborracharte hasta la inconsciencia o alguna de esas travesuras que se les ocurren a los más desocupados, te adelanto que vas en dirección contraria al planteamiento.

Autoliderarte tiene más que ver con el trazado de un plan de metas individuales y la creación de una suerte de guía interno, un líder personal alerta a los peligros y hábil para sortear los obstáculos.

Definir la «gana» como un estado de bienestar ordenado, con energía para el trabajo inevitable o realizar actividades que produzcan beneficios REALES y no solo el desahogo de tensiones internas, dará mejores resultados que vivir rezongando por una supuesta falta de libertad.

¿Que tienes que cumplir horarios y someterte a ciertas normas? Es así, porque vives dentro de una sociedad que se maneja con el dinero y las regulaciones y no en el desierto del Kalahari donde, por cierto, también hay sus límites al comportamiento.

Si te molesta la restricción a tu deseo más íntimo, acéptala en términos de transitoriedad, algo así como una ruta pedregosa previa a la «gana» esa que tienes en mente.

Ya encontrarás el tiempo y la situación adecuada para hacer en ella lo que te plazca.

De modo que, si quieres ser verdaderamente libre, ¡Construye y disfruta tu Autoliderazgo!… Es la mejor salida a la frustración.

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